El tercer volumen de las memorias de Pedro Sánchez debe estar ya camino de la imprenta. No hay mayor figura política capaz de dar volantazos –o, como dicen los anglosajones, plow twists (giros de guión)– que el líder del PSOE, quien tras una reflexión personal y familiar, aderezada por una atmósfera en ebullición, ha decidido no renunciar a su cargo y continuar “con más fuerza si cabe” para luchar contra la “toxicidad” provocada por las derechas apoyadas en las áreas mediáticas y judiciales. Eso sí, más allá de llamar a la movilización ciudadana, no ha planteado sobre la mesa una sola fórmula para transformar un clima que todo apunta a que, lejos de amainar, se recrudecerá, vista la visceralidad de las reacciones de la oposición. 

Clavadas las once de la mañana del lunes, con gesto desencajado que fue ganando entereza según se iba pronunciando, y en una comparecencia en la que no había opción a hacer preguntas (hasta que luego fue entrevistado en el prime time de la televisión pública); el presidente del Ejecutivo español ha lanzado una disertación de ocho minutos en la que dejó para el final el desenlace: “He decidido seguir. Seguir con más fuerza si cabe al frente de la presidencia del Gobierno de España. Esta decisión no supone un punto y seguido. Es un punto y aparte. Solo hay una manera de revertir esta situación. Que la mayoría social, como ha hecho estos cinco días, se movilice en una apuesta decidida por la dignidad y el sentido común, poniendo freno a la política de la vergüenza que llevamos demasiado tiempo sufriendo”.

En su declaración institucional, Sánchez, después de que el pasado miércoles denunciara una campaña de acoso contra él y su mujer, Begoña Gómez, y que se remonta ya a hace diez años, ha subrayado que “confundir libertad de expresión con difamación es una perversión democrática de desastrosas consecuencias”. Y, sabedor de que esta táctica contra su entorno y su persona, no cederá, asume su “compromiso de trabajar sin descanso, con firmeza y con serenidad por la regeneración pendiente de nuestra democracia”. Porque dicha campaña “es grave, pero no es lo más relevante. Podemos con ella", ha aseverado al respecto. Todo ello en el contexto de que un juez abriese diligencias tras recibir una denuncia del sindicato ultra Manos Limpias contra su esposa por presunto tráfico de influencias y corrupción en los negocios. “Tras esta reflexión, tengo la respuesta clara”, ha arrancado el dirigente socialista, reprochando “el ataque indiscriminado a personas inocentes; la contienda partidista que justifica el ejercicio del odio, de la insidia y de la falsedad hacia terceras personas; y que las mentiras más groseras sustituyan el debate respetuoso y racional basado en evidencias”. Si fuera por todo ello, “no merece la pena” seguir –que fue la pregunta que se hacía y espetó al aire en su manuscrito–. Y no lo merecería “porque no hay honor que justifique el sufrimiento injusto de las personas que uno más quiere y respeta, y ver cómo se intenta destruir su dignidad sin el más mínimo fundamento”, ha considerado para escenificar las dudas suscitadas. 

La calle, "decisiva"

Tras afirmar en su carta inicial que le podía más sentirse “profundamente enamorado” de su pareja que el apego al cargo, ¿qué le ha empujado a no tirar la toalla? Principalmente, según ha relatado, la reacción de la calle ante la diatriba en que estaba sumido, agradeciendo las muestras de carió que han influido, según ha desvelado, “decisivamente” en su resolución. Por ello, emplaza a que “la mayoría social se movilice en una apuesta decidida por la dignidad y el sentido común, poniendo freno a la política de la vergüenza que llevamos demasiado tiempo sufriendo”. En este sentido, insiste en que toca hacer claudicar todo este “fango” mediante el rechazo “colectivo, sereno, democrático, más allá de las siglas y de las ideologías”, comparando el reto al que a su parecer se enfrenta la sociedad en este momento con otros episodios como la pandemia o la Transición de la dictadura a la democracia. “Una sociedad que asombró al mundo por su aceptación entusiasta de los derechos y de las libertades, pasando de ser un país oscuro a un referente internacional de libertades y de democracia, de progreso y de convivencia. Hoy pido a la sociedad española que volvamos a ser ejemplo e inspiración para un mundo convulso y herido”, ha manifestado, sin hacer apelación alguna a concentrar fuerzas en el Parlamento para ver cómo poner un dique de contención.

Sánchez cree que la ciudadanía debe decidir “que tipo de sociedad quiere ser” y por tanto necesita hacer una “reflexión colectiva que abra paso a la limpieza, a la regeneración y al juego limpio”. “De hecho, durante estos cinco días ya hemos comenzado a hacerla”, ha dicho desde La Moncloa. “Llevamos demasiado tiempo dejando que el fango colonice impunemente la vida política, la vida pública, contaminándonos de prácticas tóxicas inimaginables hace apenas unos años. Apelo, en consecuencia, a la conciencia colectiva de la sociedad española”, ha alentado el presidente del Gobierno, censurando los “ejercicios de odio y mentiras groseras” recibidas y advirtiendo: “O decimos basta o esta degradación de la vida pública determinará nuestro futuro, condenándonos como país”.

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Comité Federal del PSOE para apoyar a Pedro Sánchez EFE / EP

Ajeno al cálculo político

Sánchez se ha afanado en aclarar que su comportamiento no obedece a “ningún cálculo político” –sea electoral o por casos como el espionaje mediante el sistema Pegasus– sino que simplemente necesitaba “parar y reflexionar”, aunque reconoce que ese movimiento “pudo desconcertar” porque no es habitual en un político de primera fila. “Soy consciente de que he mostrado un sentimiento que en política no suele ser admisible. He reconocido ante quienes buscan quebrarme, no por quién soy sino por lo que represento, que duele vivir esta situación, que no deseo a nadie. También porque sea cual sea nuestro oficio, nuestra responsabilidad laboral, vivimos en una sociedad donde sólo se nos enseña y se nos exige mantener la marcha a toda costa. Pero hay veces en que la única forma de avanzar es detenerse, reflexionar y decidir con claridad por donde queremos caminar”, ha explicado. “No se trata de una cuestión ideológica sino de respeto, de dignidad, de principios” que van más allá de las opiniones políticas. “Tiene que ver con las reglas del juego: si consentimos que los bulos deliberados dirigen o dirijan el debate político; si obligamos a las víctimas de esas mentiras a tener que demostrar su inocencia en contra de la regla más elemental de nuestro Estado de Derecho; si permitimos que se vuelva a relegar el papel de la mujer al ámbito doméstico, teniendo que sacrificar su carrera profesional en beneficio de la de su marido; si, en definitiva, permitimos que la sinrazón se convierta en rutina, la consecuencia será que habremos hecho un daño irreparable a nuestra democracia”, ha analizado en su alegato. 

Y, con un “agradecimiento especial a mi querido Partido Socialista y a esa movilización social que ha influido decisivamente en mi reflexión y que agradezco de nuevo”, ha añadido: “Exigir resistencia incondicional a los líderes objeto de esa estrategia es poner el foco en las víctimas y no en los agresores. ¿Queremos esto para España?”. “Pido a la sociedad española que volvamos a ser ejemplo, inspiración para un mundo convulso y herido, porque los males que nos aquejan no son ni mucho menos exclusivos de España. Forman parte de un movimiento reaccionario mundial que aspira a imponer su agenda regresiva que no se corresponden ni con la ciencia ni con la racionalidad. Mostremos al mundo cómo se defiende a la democracia” ha constado y, casi, rogado. 

Sánchez se bajó un rato del mundo pero, cuando resolvió que no se iba achantar, pudo comprobar que la vida sigue igual. 

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