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Editorial

Sobre el nuevo escenario

La prueba de fuego del nuevo proyecto de la izquierda abertzale ilegalizada está en que ETA lo respete sin apropiárselo y, al menos, no se pronuncie en contra cometiendo un atentado

Martes, 17 de Noviembre de 2009 - Actualizado a las 07:29h

NO se le puede negar a la izquierda abertzale ilegalizada el esfuerzo por buscar una salida a su dramática situación de marginalidad legal e institucional. En ese sentido, se percibe con toda claridad que ha prevalecido la iniciativa del sector político decidido a dar un paso adelante. Se percibe, también, que ese sector liderado por Arnaldo Otegi, Rafa Diez y los detenidos el 13 de octubre ha tenido que plegarse a las matizaciones semánticas necesarias para elaborar un documento que en ningún párrafo descalifica a ETA como agente político ni a la lucha armada como método legítimo de confrontación. No cabe duda de que el sector más político del MLNV ha dado un paso adelante y ha llegado lo más lejos que puede llegar sin desgarros internos. Apostar por los Principios de Mitchel supondría un paso definitivo, pero no es lo mismo proclamar que esos son los principios en los que se debería basar el nuevo proyecto, que anunciar el compromiso firme de atenerse a esos principios. Cosa que no han hecho. No es lo mismo defender, como ayer lo hacía Tasio Erkizia, "la no injerencia, absolutamente de nadie, para que este pueblo pueda decidir por sí mismo su futuro", que anunciar de manera clara y valiente qué es lo que la izquierda abertzale ilegalizada hará en el caso de que esa injerencia se produjese. Porque, como han advertido la totalidad de las fuerzas políticas, todas, ese proyecto sólo sería viable, incluso creíble, en ausencia total de violencia. Y ésa es la incógnita. Es probable que con esta iniciativa, lo que se pretenda es forzar a ETA por la vía de los hechos a que abandone su actividad armada, de forma que entienda que su intromisión sería el suicidio del proyecto de la izquierda abertzale. Los creadores del nuevo proyecto estarán cruzando los dedos para que ETA esté callada, o se abstenga de anunciar su apoyo al proyecto y también su patrocinio con lo que ello supone de tutelaje. Para que este proyecto prospere es absolutamente necesario que ETA se retire, y no sería suficiente el alto al fuego previsible si no fuera acompañado del inicio de una negociación -todo lo discreta que se quiera- con el Estado para la entrega de las armas. Sólo así podrán superarse el escepticismo por los errores pasados y la duda eterna sobre las verdaderas intenciones del MLNV.

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